Después que conozcas la historia de este suceso, te darás cuenta de que frente a las dificultades de un país y jueguen con el hambre de un pueblo se tiene el derecho hacer lo que lograron estas madres y mujeres luchadoras hicieron. Es importante que te tomes unos minutos y conozcamos las dificultades que se presentaron en su epoca.

La historia que veras a continuación trata de como hace 100 años un grupo de mujeres iniciaban una revolución para hacer ejercer su derecho. Así que lee hasta el final y tomemos como ejemplo este acto de valor y de derecho a lo que se merece un pueblo que sufre la mala dirección de su líder.¿Quieres Saber Más? Sigue Leyendo… Recuerda Compartir Esto Con Tus Amigos.

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El 23 de febrero de 1917 en Rusia (8 de marzo en el calendario occidental de la temporada), una huelga de mujeres obreras textiles arrastró a los trabajadores y soldados de Petrogrado a la huelga general, la insurrección y rebelión contra la monarquía. La caída del zar sería cosa de días. Las mujeres trabajadoras empezaron la revolución social más grande de la historia.

la Revolución Rusa, conocer los hechos que la caracterizaron, las batallas y combates que se desarrollaron, los debates estratégicos que cruzaron a sus partidos y particularmente en la izquierda, es central para extraer lecciones y retos que nos dejen actualizar la vigencia de la revolución socialista en el siglo XXI.

Que las nuevas generaciones de trabajadores, estudiantes y mujeres, decenas y decenas de miles comiencen a simpatizar con las ideas de izquierda y “revolución” y miles a buscar un camino cara la militancia, conozcan la Revolución Rusa en su significado y desarrollo, con las polémicas que la caracterizaron, es de un valor incuestionable. Es lo que procuran borrar historiadores, cronistas, escribanos y políticos de la clase dirigente. Borrarla de la historia. O bien si la reconocen, que la conozcan como una “gran tragedia”, como un ejemplo del totalitarismo estalinista (que contribuyó a defenestrar el marxismo y el socialismo como ideas en extensos ámbitos de masas) y que no hay horizonte alén del capitalismo.

Otros, “reivindicándola”, le quitan sus lecciones revolucionarias para oponer al horizonte de la revolución, puras reformas sociales. Desde estas páginas deseamos celebrar el centenario de la Revolución Rusa, buscando actualizar sus lecciones al calor de los hechos en el reto de poner de pie una nueva perspectiva revolucionaria y anti-capitalista de los trabajadores.

La irrupción violenta de las masas en sus destinos

Para el revolucionario ruso León Trotsky, “La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todas las cosas, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus destinos.” Esto es lo que exactamente comenzó a acontecer en aquellos días del 23 de febrero de 1917.

Rusia se hallaba en guerra. El retrasado Estado zarista ruso era protagonista de la Primera Guerra Mundial, como aliado del imperialismo inglés y francés en el bloque de los “Aliados”, que encaraban al imperio alemán y austro-húngaro. Una guerra “imperialista” la definirían los bolcheviques.

Rusia, el “último baluarte de la reacción” (Marx) se decidió unir su destino a la guerra imperialista. No obstante, su rol histórico, más que agotado, se hallaba en estado de abierta descomposición. Desastre tras desastre en la guerra había transformado todo deseo “patriótico” y “unitario” en un agudo descontento y creciente agitación social y política. Derrotas, muertes, apetito, miseria, eran el medio de proliferación de una enorme convulsión social.

En la atascada guerra de trincheras, anterior al comienzo de la revolución rusa y el ingreso de E.U. en la guerra (23 de marzo de 1917), en los palacios, las cortes y salones de la aristocracia, los terratenientes y asimismo de la burguesía liberal, se procuraba planear una “revolución palaciega”: hacer caer al zar, un golpe de Estado para resguardar a Rusia (sus negocios y tierras) de un descalabro: la revolución.

El desastre de la guerra, la hambruna y miseria creciente en las masas trabajadoras y campesinas, estos últimos llevados al frente de guerra a combatir por los intereses de la coalición burguesa-monárquica, aceleraron la agitación, y también intranquilizaba en los círculos del poder.

Si por arriba se planeaba como deshacerse de un zar apartado y desgastado, duques y miembros del Congreso de los Diputados monárquicos, al lado de la embajada británica, en la madrugada del 16-17 de diciembre de 1916 asesinaron al odiado Rasputín, “Amigo Santo” y primordial consejero de la zarina, al unísono primordial consejero del zar; por abajo desde principios de 1917 se venía ahondando procesos de organización y actividad del movimiento de masas, que desencadenaron una enorme insurrección.

Las mujeres obreras comenzaron la insurrección en el Día de la Mujer

A lo largo de enero se sucedieron una avalancha de huelgas y manifestaciones. El 18 de febrero, 30 obreros de la factoría Putilov, en el corazón de la barriada obrera de Viborg, que sería vanguardia de la revolución, deciden irse a la huelga en rechazo a despidos y demandando al unísono un aumento de sueldo frente a la falta de la vida creciente. La agitación y las asambleas en las calles anegan el distrito obrero.

Las mujeres, estaban cansadas de las largas colas para un pedazo de pan frente a la escasez producto de la guerra. En las factorías y los guardes el descontento era creciente. Las mujeres deseaban el “pan”, uno de las molestias centrales de la revolución. El apetito y la crisis aguzaron el descontento. Al grito de “¡Deseamos pan!” fue que el 23 de febrero de 1917 miles y miles de obreras textiles de la barriada Viborg se lanzaron a la huelga.

Esta “espontánea iniciativa de las obreras textiles” (León Trotsky) absolutamente nadie aguardaba que desencadenaría una revolución y la caída del zar Nicolás II 5 días después, que animaría a los obreros a la insurrección y a los soldados a la rebelión contra sus oficiales.

El veintitres de febrero (ocho de marzo calendario occidental) se festejaba el Día Internacional de las Mujeres. Se aguardaban y se habían planeado manifestaciones tradicionales en celebración y por los derechos de las mujeres obreras. No obstante, ninguna organización llamó a la huelga, ni tan siquiera los bolcheviques del comité de Viborg. Como había estado de guerra, las posibilidades del choque con las tropas eran crecientes.

La resolución y audacia de las mujeres textiles que sin llamado salieron a las calles haciendo huelga, arrastró a decenas y decenas de miles y miles de obreros de Viborg a la huelga.

Encargadas de las factorías textiles se dirigían a los obreros metalúrgicos y de las factorías para apoyar su lucha. noventa obreras y obreros de Petrogrado paralizaron sus trabajos y salieron a las calles ese día, y pondrían de pie en los días venideros un poderoso movimiento huelguístico imponiendo la huelga general en la capital, que abrió el paso a la insurrección y la rebelión de los soldados, unidos a los obreros.

El Día Internacional de la Mujer se convertiría, en la fuerza, cuerpos y psiques de las obreras textiles, en el comienzo de la revolución social que marcaría todo el siglo veinte.

Ese día se sucedieron huelgas, manifestaciones, mítines y además encuentros (choques) con la policía. Miles y miles de mujeres se dirigieron al palacio de la Duma (especie de “parlamento” zarista nacido tras la derrota de la Revolución de mil novecientos cinco) demandando el pan. “El Día de la Mujer transcurrió de manera exitosa, con entusiasmo y sin víctimas” señalaría el revolucionario ruso León Trotsky.

Los combates contra los policías, cosacos, el Ejército, la liberación de los presos y la ocupación de las instituciones públicas se generarían solo unos días después en el marco del ascenso revolucionario de obreros, soldados y campesinos. A lo largo de 5 días (del veintitres al veintiocho de febrero) las masas insurgentes efectuarían de todo: manifestaciones, huelgas, enfrentamientos, mítines, se armarían y desarmarían a los oficiales zaristas, un golpe definitivo derruyendo el aparato de la monarquía a través de la acción directa de masas, y poniendo de pie en los días siguientes su poder: los Soviets de encargados obreros y de soldados.

Contradictoriamente, la Revolución de Febrero que pusieron de pie las masas obreras y soldados, con el puntapié inicial de las mujeres textiles y en 5 días derruiría al zar Nicolás II, no pondría el poder a cargo de los Soviets todavía producto de las direcciones conciliadoras (mencheviques y social-revolucionarios) que confiaron en un Gobierno Temporal dirigido por la burguesía para liderar los destinos del país. Pasarían meses a fin de que la revolución ponga el poder a cargo de los trabajadores dirigidos por los bolcheviques.

No obstante, ya en este primer gran día, la clase obrera, expresada en sus campos más oprimidos, las mujeres obreras, serían quienes empujarían a las masas a la lucha. A cumplirse el centenario de la Revolución, las mujeres obreras apuntan el camino, y el llamado a un Paro Internacional de Mujeres citado en E.U. este ocho de marzo, puede contestar esta iniciativa memorando esta gesta heroica de mujeres y hombres de la clase trabajadora. Deseaban el Pan y asimismo deseaban las Rosas.
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