Después que conozcas la historia de esta mujer, te darás cuenta de que frente a las dificultades siempre podemos hacer lo que ella hizo y salir adelante. Es necesario que te tomes unos minutos y veas lo que ha logrado.

La historia que te traemos a continuación es de la primer mujer acróbata de helicópteros vive en España de la ciudad de Granada. Así que lee hasta el final este interesante historia y recuerda dejarnos tu comentario que tu opinión es importante para nosotros.

El Ejército de España abrió sus puertas a las mujeres en mil novecientos ochenta y ocho. El día de hoy son uno de cada 8 miembros de las Fuerzas Armadas y prosiguen derruyendo barreras.

La última: desde enero, la capitán Débora Gómez es la primera conduzco titular del conjunto gimnástico de helicópteros del Ejército del Aire, la Patrulla Aspa, integrada por catorce pilotos y 5 aeronaves.

Con sus cincuenta y cinco kilogramos, la madrileña domina con perfección el Eurocópter ciento veinte ‘Colibrí’, de una tonelada de peso y hélices de cinco metros.

No hace falta mucha fuerza, asegura la oficial, de treinta y cinco años, que asimismo es filóloga y ya antes de transformarse en instructora de vuelo sirvió 5 veces en Afganistán al cargo de una ambulancia aérea con base en Herat.

En el cielo de Granada se ven muchos helicópteros. En ocasiones son los de la DGT‘cazando’ a conductores con prisa en la autovía, mas prácticamente siempre y en todo momento se trata de los ‘pájaros’ de la base aérea de Armilla, donde se forman todos y cada uno de los pilotos militares del país de este género de aparatos.

Construida en mil novecientos veintidos, tiene un perímetro de unos diez quilómetros rodeados de alambrada en este ayuntamiento pegado a la capital. En la entrada hay una barrera y un control de seguridad. Mas, en el momento en que enseñas el documento de identidad y te pones la acreditación de visitante, todo son sonrisas.

La de la capitán Débora, que es como la conoce todo el planeta en la base, es franca y abierta. Con su mono azul de conduzco, melena cortita y nada de maquillaje, espera a las puertas de un edificio vetusto, decorado con fotografías y maquetas de aeronaves de todas y cada una de las temporadas.

Sonríe, mas tiene una precisión fundamental que hacer: «No me considero vanguardista de nada. Siempre y en toda circunstancia me he encontrado las puertas abiertas.

Me han tratado como a uno más». Para llegar a donde está, insiste, ha hecho lo mismo que el resto de sus compañeros. «Ni más ni menos –subraya–. La Patrulla Aspa es una enorme familia, y he entrado como podía haber entrado otra mujer o bien un compañero».

Conforme datos del Ministerio de Defensa, de los ciento veintiseis mil efectivos de las Fuerzas Armadas, unos quince.000 son mujeres, el doce,5 por ciento del total. El porcentaje es algo superior en el Ejército del Aire, donde hay dos mil ochocientos féminas (trece,6 por ciento ), ciento veintiocho oficiales de carrera (cinco,1 por ciento ) y veintiuno pilotos (cuatro con ocho por ciento ).

De esas veintiuno, Débora –junto a su compañera Eva Gutiérrez– fue la primera en transformarse en instructora de vuelo de helicópteros. Con su destreza a los mandos del EC-ciento veinte y su entusiasmo, era cuestión de tiempo que entrase a ser parte como titular del equipo gimnástico que dirige el comandante Pablo Diego Sánchez.

Siempre he tenido vocación. Deseaba poner mi grano de arena en servir a mi país, asegura. En su familia no hay militares –su padre es repostero y su madre tuvo un herbolario y una pajarería–, mas Débora medró escuchando a su abuelo contar historias de la Guerra Civil.

De pequeña, pasaba de manera frecuente por delante del viejo cuartel de Leganés, el día de hoy transformado en la Universidad Carlos III. «Me encantaba ver los pavos reales que tenían en los jardines», recuerda.

Con lo que absolutamente nadie se extrañó cuando, con veinte años, ingresó en la Academia General del Aire en San Javier (Murcia), donde aprendió a conducir avionetas y cazas y, en el último curso, decidió especializarse en helicópteros.

Salió en dos mil siete transformada en teniente y su primer destino fue el Ala cuarenta y ocho, con base en el aeródromo madrileño de 4 Vientos. Trabajó en sus 2 escuadrones: el cuatrocientos dos y el ochocientos tres.

En el primero, encargado del transporte de VIPs, llevó a miembros de la Familia Real y el Gobierno, en tiempos del presidente Zapatero. En esa temporada conoció al rey Felipe VI, que asimismo pasó por Armilla en mil novecientos noventa y seis. «A veces coge los mandos y conduce él».

Un año en Afganistán

Con el segundo cumplió 5 misiones en Afganistán.

En suma, prácticamente un año en la Base de Apoyo Avanzado de Herat –compartida por fuerzas españolas y también italianas– conduciendo un ‘Superpuma’ que funcionaba como ambulancia del aire en misiones de evacuación de enfermos y heridos, tanto militares como civiles, desde distintos puntos del país asiático al centro de salud de campaña. «Salvar vidas, asistir a gente que lo precisa, es indescriptible», confiesa.

En el mes de septiembre de dos mil quince decidió mudar de tercio y regresar a los orígenes, esta vez como maestra de la escuela aeronáutica de Armilla, en la que se han formado más de dos mil pilotos desde mil novecientos ochenta.

Me agrada mucho la enseñanza», asevera. Vive en la base, una miniciudad con polideportivo, comedor, dispensario y peluquería en la que trabajan cuatrocientos cincuenta militares y doscientos civiles con la misión de formar como pilotos y mecánicos a miembros de los ejércitos, la Guarda Civil y el Cuerpo Nacional de Policía.

Para esto disponen de una flotilla de quince ‘Colibríes’ y ocho ‘Sikorsky’.

Débora Gómez da clases teóricas y prácticas a entre seis y doce alumnos; cada promoción se queda 3 meses. Su horario de siete y treinta a quince.00, comodísimo equiparado con el de la capital de España o bien Herat, le deja las tardes libres.

Es una forma de hablar: tras concluir Lingüística Inglesa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, comenzó Geografía y también Historia, mas ha parado para finalizar su Master en Paz, Seguridad y Defensa y estudia francés en la Escuela Oficial de Idiomas.

Soy una empollona, se disculpa sonriendo la capitán, que en dos mil dieciseis acabó el curso de ascenso a comandante. Y todavía le queda tiempo para correr, nadar, hacer pilates y salir en bicicleta, aficiones que explican la delgadez de esta adepta al chocolate.

El trabajo voluntario en la patrulla gimnástica, fuera de la jornada de trabajo, implica 2 o bien 3 instrucciones por semana y veinte exhibiciones por año.

Su estreno va a ser en Burdeos (trece y catorce de mayo) y después le aguardan León y Santander en el primer mes del verano, Vélez-Málaga en el mes de julio y Bélgica en el mes de septiembre.

Los espectáculos de la Aspa no tienen nada que envidiar a los de cazas de la Patrulla Águila. Los helicópteros vuelan más bajo, más despacio y más cerca del público.

En todos y cada exhibición, los 5 ‘Colibríes’ efectúan diferentes formaciones en el aire –la pescadilla, el rombo, la flecha o bien la cuña– y los pilotos muestran sus habilidades con diferentes figuras acrobáticas:

El despegue Brida –en homenaje a la esquiadora granadina–, la ruptura Alhambra, el tiovivo, el tornado o bien el cruce francés requieren una precisión increíble para eludir el contacto entre los aparatos, con un diámetro de diez metros en el rotor primordial.

Volamos segurísimo, no somos camicaces: amamos la vida, bromea.

A los mandos del EC-ciento veinte, matiza, no hay diferencia entre hombres y mujeres: El helicóptero se halla asistido por un sistema hidráulico. No se precisa mucha fuerza.

Se lo piensa y añade: «Lo que hace falta es ilusión; con eso se logra todo». Tras haber sobrevolado los más diferentes paisajes, no duda en el momento de elegir: «Mi Madrid». Tal vez de ahí que no descarta volver cualquier día a 4 Vientos.

Es curioso, mas cuando se le pregunta por sus ambiciones profesionales, la capitán Gómez emplea una metáfora terrestre. Ni alas ni hélices: «Iré cogiendo los trenes que me ponga la vida, sin una meta concreta».

– ¿Y de qué forma se imagina su porvenir?

– Deseo poder continuar levantándome por las mañanas con ganas de ir a trabajar pues me apasiona lo que hago. Me veo compatibilizando mi vida personal con la profesional, dejando a mis hijos en el instituto ya antes de irme a trabajar. Lo que busco en la vida es ser feliz. Solamente.

Via: ideal.es

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